La despiadada ley del teleprompter

octubre 29, 2013 § Deja un comentario

Todo iba bien. Incluso más. Todo iba muy bien.

El discurso estaba siendo brillante, cercano, con una declamación serena, con los gestos medios. Transmitía orgullo en cada palabra, optimismo en cada gesto y, sobre todo, alegría por estar en su mejor escenario.

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Es cierto que estaba utilizando un teleprompter (esa ventanita de cristal que se ve en la foto de arriba y que permite la lectura de igual forma que lo hacen los presentadores de televisión) pero bueno, también lo utilizan los grandes oradores como Obama.

Su discurso era un programa para el futuro. Miraba a un lado y a otro, con esa soltura que permite el teleprompter, y mantenía los ojos en los premiados y el público.

ImagenObama, con su telepromter (Foto: Los Ángeles Times)

Pero justo cuando tocaba glosar los méritos de la ONCE sobrevino el desastre. El aparato debió de apagarse o funcionar mal. Hubo un momento de silencio, otro de tensa espera y un tercero en el que apareció un asistente que le entregó el discurso en papel.

Entonces, todo cambió. Las palabras se convirtieron en conceptos envarados, la mirada tuvo que bajar una y otra vez a los folios, la expresión se transfiguró aburrida y funcionarial.

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El teleprompter que se estropeó.

Durante buena parte de su intervención el teleprompter había obrado el milagro. Pero cuando se estropeó consiguió hacerse notar en el mejor discurso del Príncipe tras el de Buenos Aires.

Una pena.

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